Comfortably numb, de Pink Floyd

mayo 8, 2008

David Gilmour

¿No os ha pasado que encontráis una canción tremendamente adictiva, de tal modo que tienes que repetirla una y otra vez cada vez que la escuchas, como un bucle infinito? Me sucede con esta canción de Pink Floyd. Hay días en que podría vivir perfectamente como un punto blanco rodeado de nada con estos acordes sonando eternamente de fondo. Me sucede por muchísimas razones, pero la más sincera no podría explicarla.

¿Qué es Comfortably Numb? Imaginad que tenéis ocho años. Un niño que juega todavía pero empieza a pensar mucho. Un niño que sueña con lo que será, que cada día se levanta y piensa que querrá ser arquitecto, o médico, o astronauta, o futbolista, o escritor. Que sueña que vivirá en una gran mansión, o en una cabaña en un árbol o en lo más alto de la ciudad más grande. Imaginen que esas esperanzas inocentes, la ilusión desbordante, la poderosísima imaginación capaz de imaginar felicidades de tamaños que ya no sabríamos considerar; de repente, se encuentra con la realidad de lo que será su futuro, se encuentra a la versión de sí mismo dentro de 30 años en un sillón, cansado de todo, deprimido, drogado, con la vida mediocre que nunca soñó, tapando, aguantando, sobreviviendo. Consideradlo también al revés. La visión adulta, aquello en lo que te has convertido, mirando al niño que una vez quiso ser otra cosa. Si de este choque naciese una melodía, si tuviese una banda sonora, sería Comfortably Numb. La melodía de los sueños frustrados. Es triste pero de la manera en que es triste un blues, como las tristezas que te hacen sonreír. Ah, por cierto, tiene quizá el mejor solo de guitarra de la historia. Cortesía de David Gilmour.


Dire Straits: Sultanes del swing

abril 28, 2008

1978. Los Bee Gees arrasan en las pistas de baile. America sufre fiebre de sábado noche, mientras que un musical, Grease, revoluciona el mundo. Los Blues Brothers la montan en el Satuday Night Live. El Frente Sandinista de Liberación Nacional se levanta en armas contra el dictador Somoza en Nicaragua, mientras que Gandhi es expulsado del Parlamento. El primer ministro italiano Aldo Moro es secuestrado y asesinado en Roma. La viruela es erradicada definitivamente del planeta. Nace en Inglaterra Louise Brown, el primer “bebé probeta”, por fecundación in vitro. El juego “Space Invaders” empieza a invadir las recreativas. En algunos pubs londinenses suena una guitarra de fondo, acompañando las conversaciones, y el sonido de aquella guitarra no se parece a nada de lo que se había tocado hasta entonces. Cuatro muertos de hambre estaban reinventando el rock and roll, y aquéllo no se parecía al punk que marcaba tendencia, y se parecía un poco (pero no era en absoluto) a una variante del jazz, y lo que tocaba aquel tipo de la banda en el pelo se parecía (pero no era exactamente) a una guitarra.

Más tarde se conocería que aquel tipo era un tal Mark Nopfler, y que los ochenta serían suyos. Aunque existe aquella vieja frase de: “¿Pero hubo buena música en los ochenta?”, los ochenta tuvieron grandes grupos: The Clash, Beastie Boys, The Police, The Pixies, Guns’ and Roses, los Ramones, INXS, Duran Duran…y Dire Straits, un grupo que ha sido menos recordado con el tiempo de lo que debería. Pasearon sus singles por todos los billboards de los ochenta, reventaron las radios. Su obra cumbre, Brothers in arms, fue especialmente una máquina de conseguir discos de platino, tanto en Reino Unido como en Estados Unidos.  Se le reprochó ser “música de yuppies”, se le reprochó nadar contracorriente a través de patrones clásicos en la época de la pura experimentación. ¿Y?

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Plany al mar, de Joan Manuel Serrat

abril 22, 2008

 

Esta es la mejor canción en catalán que he escuchado nunca, del maestro Joan Manuel Serrat. Dentro de la inmensidad de la obra de Serrat, el cantaautor esconde pequeñas joyas, a veces en español y a veces en catalán. No soy catalán, no sé catalán, pero la música no entiende de idiomas. De todas formas, es un lenguaje bellísimo para cantar, sobre todo cuando se tiene una voz como la de nuestro genio. Es una canción, como él mismo explica, dedicada exclusivamente al mar, y pone los pelos de punta. No me voy a extender en explicaciones, pues escribir sobre Serrat da para una vida. Sólo escuchad:

Presentación y traducción de la canción:

La canción, en directo:

Aquí podéis escuchar la versión original, del disco “Mediterráneo” (lo recomiendo porque la voz de estudio es tremenda):

Plany al mar


La canción vieja de Patxi Andión

abril 20, 2008

 

Prosiguiendo con el rescate de grandes olvidados que la vida me ha ido descubriendo, no puedo dejar de escribir de Patxi Andión. A las huestes de jóvenes que venimos a construirnos sobre la base de la nueva música, de los nuevos libros, del nuevo arte y la nueva ola de la tecnología, Patxi Andión no es que nos suene a algo antiguo, es que directamente ni nos suena. Otro tipo del que la misma red solo conoce lo anecdótico, referencias imprecisas, blogs como éste que rescatan de vez en cuando alguna canción o libro caído de la memoria.

¿Quién es y quién ha sido Patxi Andión? Se puede empezar por decir que nació en 1945, oficialmente en Madrid, aunque siempre se ha considerado completamente vasco. Se encuadra dentro del grupo de cantautores que mantuvieron su guerra particular contra la dictadura franquista, en aquella imagen de época en la que despuntaban Raimon o Serrat. Quizás patito feo o voz en la sombra de una generación de trovadores sociales, Patxi Andión ha paseado sin pena ni gloria por la memoria colectiva. Es, pues, uno de aquéllos que ya no se recuerdan a los que la Guardia Civil bajaba de los escenarios. Compaginó durante muchos años su labor de cantaautor con la participación como actor en películas de la época, como el Libro del Buen Amor (1975) o La estanquera de Vallecas, en las que además fue compositor. En los ochenta también fue actor en series como Página de sucesos (1985) o Brigada Central (1989). Nada especialmente salvable en su filmografía. Políticamente, nunca estuvo demasiado bien definido. Progresista, y probablemente de izquierdas, negó en su día (1982) su adscripción a las listas del PCE y afirmó que en un momento u otro había defendido casi todas las posturas. Por lo demás, Patxi Andión siempre ha tenido raíces campesinas, y recientemente se ha erigido como defensor de este modo de vida. Actualmente es catedrático de Sociología de la comunicación en la Universidad de Castilla La Mancha y reside en Madrid.  

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Música online: Deezer y Goear

abril 17, 2008

Ya comentaba recientemente en este blog cómo el avance en el campo de la velocidad de conexión a la red ha permitido que puedan verse películas y series online, algo todavía incipiente y por pulir, pero muy prometedor. Como quien puede lo más puede lo menos, informándome un poco averigüé que en cuanto a música, la reproducción online ya es un hecho.

No me refiero a Youtube, que también. Youtube cada día se parece más a una navaja suiza, y eso que tampoco es un servicio de constante innovación. Es una plataforma para todo, es la imaginación de los usuarios la que lo hace versátil. Lo que en principio fue una idea concebida para compartir videos caseros, ha soportado un debate electoral, ha sido usado para compartir cortos maravillosos como El sueño del caracol, para difundir trailers de películas, para un tipo de publicidad que depende de la voluntad del usuario, para ver programas ya emitidos (por ejemplo, Sé lo que hicisteis…), monólogos, grupos que se dan a conocer, etc. Una de sus funciones más curiosas responde al patrón: “¿no has escuchado esta canción? Espera, que te la pongo.” Se busca el videoclip en Youtube, y listo.

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Salvador Bacarisse: historia de una melodía

abril 17, 2008

Grupo Madrid. A la derecha de la foto, Salvador Bacarisse

 

Hoy quería hablar de música clásica. En concreto, de una melodía española, de Salvador Bacarisse. No sé como me las arreglo, pero con toda la música clásica que ha dado Austria, siempre acabo escuchando a españoles. Debe ser algún tipo de querencia a la guitarra y al piano, alguna raigambre indomable que prevalece siempre sobre los refinamientos de violines.  Las guitarras españolas y los pianos lentos tienden a ponerme los vellos de punta, a veces sin tan siquiera darme cuenta.

Salvador Bacarisse pertenecía a ese grupo de los ocho de antes de la Guerra Civil española que pretendían sentar los cánones de un nuevo tipo de música menos conservadora, y que acabaron como sueños frustrados tras la guerra. Poco se sabe ya de ellos, hay que profundizar para recordar a pianistas como Alberdi o compositores como Conrado del Campo. En Wikipedia apenas se entrevé un esbozo, la memoria se diluye. Yo solo supe de un grupo de los ocho a través de esta canción, y quizás habría que acudir a la memoria antigua y popular de los que vivieron aquéllo, que cada vez son menos.

La canción se llama Romanza:Concertino para Guitarra y Orquesta. Conocí la canción por puro azar, viendo un documental sobre la Guerra Civil española en una televisión local sevillana. Sonaba la canción de fondo mientras pasaban imágenes de la devastación. En algún momento recuerda a la cumbre de la música clásica española, un tal adagio de cierto concierto en Aranjuez de un tal Joaquín Rodrigo. Joaquín Rodrigo en ocasiones tuvo problemas con el copyright de este Adagio, y ellos porque muchos consideraron que esta era una música más antigua, rescatada del olvido, algo que ha ido sonando desde tiempos inmemoriales en ciertas esquinas de España, cierta música que se ha transmitido de oídas de padres a hijos, alguna antigua maravilla de un músico desconocido. No lo sabemos. Quizás la cuestión no es tanto si esa música existía anteriormente, o si la música de Bacarisse también tiene resonancia de algo más inmemorial; quizás la cuestión es que es son melodías que describen alguna sensación sin tiempo, como si la primera vez que fue tocada ya hubiese estado ahí siempre. No sabría explicarlo del todo. 

No sé qué escuchará cada uno, pero a mí siempre me produce una sensación de dos grandes palabras: voluntad y destino. Una voluntad vieja, melancólica; y un sino que nos llama, lo trágico de lo español que nadie sabe muy bien definir con palabras. Por ello, Bacarisse lo escribió con música.

Romanza: Concertino para guitarra y orquesta. Salvador Bacarisse