Crisis: La hidra de cinco cabezas

 

 

Está de moda en televisión montar una tertulia económica en cualquier rato muerto que deje el fútbol, el tenis o el tour, y así andamos, del corazón a los asuntos, en la nube y en las losas de la realidad. El caso es que en cualquiera de estas tertulias sale a relucir alguna buena idea de la que se debería tomar nota desde la cúpula de este nuestro gobierno que se afana en disparar a los tanques con tirachinas. Es triste que se escuchen cosas más coherentes en cualquier programilla tardío de cadena local que desde Moncloa, que sigue en sus treces de maquillaje obsesivo sobre esa sucia cara que tiene ahora el país. Es triste, pero no inexplicable. Y lo sabíamos, lo sabíamos todos y hay que quitar de esa visión la siglas y las ideologías y mirar un poco más allá: el equipo y el “programa, programa, programa”, como decía Julio Anguita. Hay un gobierno al que, con viento de cara, se le podían perdonar las ineficiencias, los excentricismos, excesos y meteduras de pata; ahora ya no. Sucede que ahora que pintan bastos, hay que hacer cosas de verdad, cosas de presidentes y ministros, de las de toda la vida. Digámoslo claro: tomar decisiones.

Ahora me toca ser constructivo. Desde mi ignorancia, entiendo que para atacar una crisis hay que atacar igualmente la superficie y el fondo, hay que compaginar los parches con las soluciones reales. Un buen gobierno debe manejar el tempo entre lo inmediato y lo futuro. Para ello hay que empezar por entender la crisis, que no es una sino varias, y con origen en lo internacional y en lo patrio. Tenemos:

La crisis del petróleo. La crisis del petróleo es una crisis muy bien tolerada por la población, nadie se lleva las manos a la cabeza porque tiene el aura de lo inevitable (se veía venir) y siempre queda bien echarle las culpas de la subida de precios al “malvado capitalismo” y a la sociedad consumista, teniéndose la demostración palpable de que el mundo así no va a ningún lado. ¿Por qué ha subido el petróleo? Dos razones fundamentales subyacen aquí, échenle las culpas a cada una en la proporción que quieran:

  • Conspiración mandarín-hindú. China e India han decidido, inexplicablemente, que quieren vivir como Occidente. Ahora quieren coches, energía para producir, agua caliente, calefacción y aire acondicionado, y todos esos lujos de la gran civilización desarrollada. Pero qué se han creído estos orientales. Como son un montón de chinos e indios pidiéndole petróleo a la OPEP, ésta, que nunca ha tenido reparos en indexar los precios a los aumentos de la demanda, usa la regla de tres de la economía y sube los precios, añadiéndose el plus de que “el petróleo se acaba, oigan”.   
  • George Bush y los petrodólares. Desde que el mundo es mundo, el petróleo se compra, se vende y se paga en dólares, la gran moneda de la economía mundial. El dólar siempre ha sido la moneda que abre todas las puertas, un país que no aprecie los dólares es como el niño que no se junta con los niños populares y acaba siendo objeto de bullying. El dólar es la esencia del capitalismo, porque son billetes chulos y además los hace EE.UU., que hace siempre bien las cosas. Ahora la reina del baile se está poniendo viejuna y ya le empiezan a hacer feos los chicos malotes del equipo de rugby. El dólar está perdiendo valor a gran velocidad, y ello porque hay muchos circulando por ahí y cuando hay mucha cantidad de algo, la gente lo valora menos. La pregunta es: ¿Por qué hay muchos? En parte por la Guerra de Irak, que supuso una burrada de gasto gubernamental en Defensa, haciendo su agosto toda la industria armamentística y aeronaútica a costa de un dinero que el Gobierno Bush no tenía. La Reserva Federal le da a la palanca de la máquina de fabricar dinero y listo. También por la huida hacia delante de EE.UU.: ¿Que hay crisis? ¡Consumid! ¿Qué los bancos están mal? ¡Mantened los tipos! ¡Invertid, consumid, gastad! ¿Inflación? ¿Qué es eso? ¿Cómo? ¿Qué no llegas a fin de mes? ¡Crédito al consumo! ¡alegría, alegría! Vamos, deja que el dinero fluya sin control porque, total, tenemos dólares y el dólar es bonito, haya muchos o pocos.

Crisis crediticia. Esta crisis es la compleja de entender, porque los bancos son entes complejos de entender. Veamos, resumiendo muchísimo: un banco recibe depósitos de dinero de sus clientes y presta ese dinero a otros clientes. Lo que gana por medio es el tipo de interés de esos préstamos y comisiones varias, que obviamos ahora. El tipo de interés normal de una economía neutra, que ni está creciendo exponencialmente ni está cayendo en picado, debería estar entre 3,5% y 5,5%, por ejemplo, una cosa razonable. Occidente decide que quiere crecer con alegría y el tipo se sitúa durante una década entre el 2% y el 3%, decimal arriba, decimal abajo. A estos tipos, todo el mundo se endeuda a lo loco durante mucho tiempo, a tipo de interés variable. Los bancos, como el tipo de interés que ganan es corto, se financian otorgando muchos préstamos e hipotecas. Se relajan evaluando los riesgos porque, total, quién no puede pagar un 2% de interés. Se estira el elástico al máximo, se entra en la zona de peligro concediendo hipotecas subprime a personas sin oficio ni beneficio. Se venden internacionalmente estas hipotecas con nombres bonitos, se mete basura en los balances contables de Cajas y Bancos por todo el planeta, se especula con el dinero. Empiezan a vencer estos créditos imposibles y se empieza a conocer que los riesgos estaban mal evaluados, a sabiendas. Se rompe el elástico. Hay morosidad en muchas deudas, se van a tener que ejecutar viviendas en subasta pública, los bancos empiezan a mirarse unos a otro con mala cara, nadie sabe quien está infectado. La desconfianza frena de golpe el flujo de dinero, los bancos ya no se prestan dinero unos a otro como antes, nadie se fía de nadie, algunas inmobiliarias empiezan a declararse insolventes, muchos bancos se hallan en quiebra técnica. Aquí está la crisis crediticia: los riesgos de impago derivados de las hipotecas basura y de la merma de la economía familiar por la subida de precios, la contaminación en los balances y las alarmas de quiebra en entidades reputadas (sobre todo Cajas de Ahorro) frenan el negocio y se acaba el buen rollo. Los préstamos interbancarios se miran con lupa, escasea el dinero, los préstamos a empresas y ciudadanos se conceden a tipos altos o no se conceden, se paraliza la inversión empresarial y la compra de viviendas y coches. Como remate de todo ello, los tipos de interés suben en Europa para controlar la inflación galopante.

Crisis inmobiliaria. He oído decir que la crisis inmobiliaria no tiene causa. Por supuesto que la tiene, de hecho sólo en una pequeña parte esta crisis tiene identidad propia. Veamos, la crisis inmobiliaria tiene una causa directa en la crisis crediticia de la que acabamos de hablar, una causa más directa aún en la especulación y, en definitiva, buscando en la razón última de toda esta crisis, encontramos: tipos de interés al 2%. La crisis inmobiliaria y la crediticia están muy ligadas y tienen un origen común: tipos de interés al 2%. ¿Lo repetimos? Tipos de interés al 2%. Al 2% casi todo el mundo se compra con total imprudencia una casa, pensando que si en cinco años no ha subido el interés, en cuarenta no tiene por qué subir. España va bien, es el momento de comprar y se produce el gran boom de la demanda. La subida de los precios de la vivienda toma un cohete rápido e imparable, hasta que se acabe el fuel. No solo se compra para vivir sino para especular, desde las inmobiliarias y desde las unidades familiares. Se ven albañiles (por ejemplo) con cuatro pisos, para revenderlos en cinco años y pagar con el margen la hipoteca de los otros. Es la cultura del pelotazo en su clímax, es la especulación basada en la fe ciega en los tipos al 2% y en la demanda que nunca se acaba. La burbuja estalla, la demanda se acaba, el tipo sube al 5%. Veamos las variadas caras de la moneda, partiendo de la inocente suposición de que nadie ha sido despedido:

  • Albañil especulador: Aquel albañil del pelotazo ve que los dos pisos que compró para revender ya nadie los compra a ese precio mayor. De hecho ni siquiera los compra al precio de adquisición. El albañil ve nubes negras. Tiene que pagar cuatro hipotecas con su sueldo, pero el jefe lo llama menos para trabajar porque se vende menos y se construye menos. En Europa a un tal Trichet se le ocurre anunciar que el tipo de interés va a subir tranquilamente del 2,5% al 5%. El albañil especulador coge un lápiz y un papel y escribe:

o Antes de la crisis: 4 pisos con hipotecas a 2,5%. En 5 años, vendo dos pisos por el doble de lo que me costó. Con la diferencia, pago enteras las hipotecas de los otros dos pisos. Resultado esperado: 2 pisos gratis libre de hipotecas, uno en la ciudad y otro en la playa.

o Después de la crisis: 4 pisos con hipotecas al 5%. Los pisos que iba a vender no me los compran. Tengo que pagar las cuatro hipotecas, y ahora cada una es el doble que hace unos meses. Resultado esperado: Tengo que pagar 8 veces más de lo esperado. Opciones: vendo los pisos más baratos de lo que me costaron, bajando el precio hasta que encuentre comprador, y que otro pague la hipoteca (el banco se descojona cuando solicitas esa subrogación de hipoteca a otro cliente) o dejo de pagar la hipoteca, que el banco ejecute mis pisos y lo que he pagado hasta ahora se lo regalo a Botín. El problema de esta segunda opción es que el albañil especulador igual pensó en su momento “bueno, a unas malas que el banco se quede la casa”. Y sucede que la hipoteca como garantía real del banco a ejecutar tu casa y quedarse el dinero hasta donde le debas es eso, una garantía, pero si tu casa se vende por menos de lo que le debes al banco, le sigues debiendo el resto. Como tú, albañil, no eres una empresa con responsabilidad limitada, no puedes declararte en suspensión de pagos y van a embargarte la nómina. Si no tenías por ahí una gran riqueza acumulada, acabas de descubrir que no tienes NADA.

  • Mayoría de hipotecados a interés variable: Tenía que pagar una hipoteca de 2.5% por mi vivienda habitual; ahora pago el doble. Mi sueldo, que ha bajado un poquito porque en cuanto hay un amago de lluvia o una brisa leve ya dicen que si eso al día siguiente mejor, se ve un tanto asfixiado ahora. Y los precios siguen subiendo, y el gasoil mejor no hablamos. Mmm, estos pantalones todavía pueden durar un par de años, y no hace tanto calor en verano como para poner el aire, ese coche puede esperar todavía…
  • Pequeño y prudente ahorrador: En su día decidió que en vez de comprar una casa viviría de alquiler, o compró una casa a un tipo de interés fijo muy bien medido, previendo que subiría el tipo de interés. Más o menos la crisis inmobiliaria ni le va ni le viene, su único peligro es la pérdida potencial de valor de su piso (en el segundo caso) cuando los precios empiecen a bajar. Como no tiene intención de venderlo de momento, la crisis pasa por él de puntillas.
  • Inmobiliarias: Antes de la crisis se endeudaron hasta las cejas comprando suelo, esperando pagarlo con el dinero recibido en las sucesivas entregas de pisos. Ahora deberían recibir el dinero de esas ventas para pagar las deudas contraídas, pero tales ventas se han frenado, con lo cual tiene, por un lado, un patrimonio inmenso (enormes extensiones de suelo) y, por otro lado, una deuda inmensa. Lo habitual es vender ese suelo y pagar las deudas, pero como nadie compra llega la fecha de pagar las deudas y no hay dinero en caja, con lo que la inmobiliaria entra en suspensión de pagos. Caso Martinsa. El problema no es solo que no se encuentre comprador, sino que, aun teniendo comprometidos una serie de compradores de antemano, el Banco rechaza otorgar hipotecas a los mismos con posterioridad, salvo que sean muy solventes. En realidad, las “quiebras” no se producen necesariamente porque el activo valga menos que el pasivo (no todavía), sino porque hasta cierto punto el activo realizable se ha vuelto irrealizable.
  • Cajas de ahorro y bancos: La crisis inmobiliaria les afecta en cuanto que son los acreedores de las inmobiliarias, y al menos en España el gran negocio de los Bancos ha sido éste: préstamos de miles de millones de euros a Martinsa, Sacyr Vallehermoso y demás ralea de inmobiliarias. Lo cual tiene su lógica ya que facturaban gran parte del volumen de negocios del país. Me temo que la caída al abismo de las inmobiliarias va a arrastrar a las Cajas de Ahorro y escasamente se salvan del hundimiento Banesto, BBVA, Santander y quizás La Caixa. No pongo la mano en el fuego por ninguno de las demás.

Crisis de los alimentos. La crisis de los alimentos nos devuelve a la inflación. Suben los precios de todos los alimentos. Varios factores están influyendo en esta subida generalizada, repartan a su gusto los grados de culpa. Por un lado el encarecimiento de los inputs agrícolas, fundamentalmente el abono, que a su vez se debe al aumento del petróleo. Por otro lado, un aumento que todavía no se ha producido pero que va a repercutir pronto, el precio del transporte, consecuencia una vez más del petróleo vía gasoil. Por último, la existencia de monopolios o cuasi-monopolios en los canales de distribución, campo de cultivo para la especulación. También se culpa de esta subida al uso de terrenos para producción de biocombustibles: puede ser, pero no está nada claro todavía el grado en que ello afecta a los alimentos.

Crisis energética. Es casi un axioma de la crisis del petróleo, con particularidad en nuestro país. España tiene un gravísimo problema, desde que el petróleo es petróleo, de dependencia energética. Nuestra producción de energía ha dependido hasta ahora casi exclusivamente del petróleo, y no nos hemos atrevido con la alternativa rentable de la energía nuclear. No tenemos petróleo e importamos energía desde Francia. En un mundo donde la energía es presupuesto de todo, es como hacer una maratón con muletas. Esto repercute en los precios de la luz, claro, pero representa a medio plazo un grave problema de sostenibilidad. Todo el tejido empresarial, no sólo español sino occidental, ha estado basado en que se puede producir de una forma rentable utilizando un input de energía a un precio más o menos estable. Todo el crecimiento del siglo XX se ha producido gracias al líquido oro negro y esto merece nuestros aplausos. El problema viene cuando ese precio se dispara, el chiringuito occidental se hunde. Hay que buscar otra cosa, y ahí andamos, de transición de un modelo a otro.

En definitiva, creo que existen tres grandes causas de fondo que han parido a una hidra de cinco cabezas. Estas son: el precio del petróleo, el mantenimiento irresponsable de bajos tipos de interés y la incorporación de China e India a la economía occidental, incorporación matizada porque los salarios allí siguen siendo irrisorios. Por ello la crisis es la más compleja de la historia y por eso las soluciones son tan complicadas: hay que pagar los excesos financieros de esos tipos, hay que cambiar progresivamente el motor de crecimiento petróleo por nuevo motor por determinar y hay que digerir que Oriente existe y que ahora “cabemos a menos”. En el post siguiente, las soluciones para la crisis española.

 

2 respuestas a Crisis: La hidra de cinco cabezas

  1. Antonio dice:

    ¿Te has preguntado alguna vez cómo llegó la hidra a tener 5 cabezas? ¿le cortaron la misma cabeza 4 veces? ¿fue en cabezas distintas?

  2. warjol dice:

    La naturaleza de la hidra era particular. Con cada corte de una cabeza, o más bien de su cuello, aparecía un desdoblamiento de ese cuello con dos ramificaciones que terminaban en sus respectivas cabezas. El hecho es que hubo que bloquear esa ramificación espontanea y evitar que la criatura se volviera aún más incontrolable de lo que ya era. Y eso se consiguió de dos formas: cicatrizando con aceite hirbiendo las que estaban al nacer y manteniendo a la única cabeza inmortal bajo una pesada piedra.
    Moraleja de como acabar con una hidra: un monton de fuego, una piedra tela de gorda, y dos personas, la que corta la cabeza y la que con el fuego cicatriza la herida. Ni siquiera Heracles pudo acabar solo con la bestia y recurrió a la ayuda de Yolao.
    En fin, dejando esta introducción mitológica, metamonos en materia, pero eso será otro día.

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