Dire Straits: Sultanes del swing

1978. Los Bee Gees arrasan en las pistas de baile. America sufre fiebre de sábado noche, mientras que un musical, Grease, revoluciona el mundo. Los Blues Brothers la montan en el Satuday Night Live. El Frente Sandinista de Liberación Nacional se levanta en armas contra el dictador Somoza en Nicaragua, mientras que Gandhi es expulsado del Parlamento. El primer ministro italiano Aldo Moro es secuestrado y asesinado en Roma. La viruela es erradicada definitivamente del planeta. Nace en Inglaterra Louise Brown, el primer “bebé probeta”, por fecundación in vitro. El juego “Space Invaders” empieza a invadir las recreativas. En algunos pubs londinenses suena una guitarra de fondo, acompañando las conversaciones, y el sonido de aquella guitarra no se parece a nada de lo que se había tocado hasta entonces. Cuatro muertos de hambre estaban reinventando el rock and roll, y aquéllo no se parecía al punk que marcaba tendencia, y se parecía un poco (pero no era en absoluto) a una variante del jazz, y lo que tocaba aquel tipo de la banda en el pelo se parecía (pero no era exactamente) a una guitarra.

Más tarde se conocería que aquel tipo era un tal Mark Nopfler, y que los ochenta serían suyos. Aunque existe aquella vieja frase de: “¿Pero hubo buena música en los ochenta?”, los ochenta tuvieron grandes grupos: The Clash, Beastie Boys, The Police, The Pixies, Guns’ and Roses, los Ramones, INXS, Duran Duran…y Dire Straits, un grupo que ha sido menos recordado con el tiempo de lo que debería. Pasearon sus singles por todos los billboards de los ochenta, reventaron las radios. Su obra cumbre, Brothers in arms, fue especialmente una máquina de conseguir discos de platino, tanto en Reino Unido como en Estados Unidos.  Se le reprochó ser “música de yuppies”, se le reprochó nadar contracorriente a través de patrones clásicos en la época de la pura experimentación. ¿Y?

Detrás de los Dire Straits se esconde uno de los mejores guitarrista de la historia, Esto siempre levanta polémicas, lo expresaré tal como yo lo veo: a nivel creativo, el número uno; en cuanto a virtuosismo, un buen guitarrista. ¿Qué define el nivel de un guitarrista? ¿Técnica? ¿Velocidad? ¿Pasión? ¿Creatividad?. Estas discusiones son ésteriles y no llevan a ningún lado, hay una opinión por persona. La suma de todas las opiniones podría elevar a Jimmy Hendrix, a Steve Vai, a Slash, a Eric Clapton, a Carlos Santana; al igual que las listas confeccionadas por revistas musicales. Me gustan los guitarristas creativos y con criterio para transmitir sentimientos a través de unas notas. Me gusta David Gilmour, Paco de Lucía, Mark Nopfler. Pero no hay que tomar partido, no es “o uno u otro” como no hay “un libro u otro” o un “cuadro u otro”. Respecto a Mark Nopfler, él hacía algo especial con la guitarra, toda la discografía de Dire Straits suena a Dire Straits. Es casi un estilo pequeño, peculiar, un estilo propio.

De todo lo que se produjo bajo el sello de Dire Straits, perdurarán en la memoria los grandes hits: Sultans of swing (con uno de los mejores solos de guitarra que se han hecho), ese rompedor inicio de Walk of life que ya forma parte de lo que somos y seremos, o aquella rabiosa Money for nothing. Sin embargo, reducir a los Dire Straits a ello sería como reducir a Elvis a aquel Jailhouse Rock, o a los Beatles a Yesterday. A segundos niveles de conocimiento, encontraríamos Tunnel of Love o Romeo and Juliet, y la siempre desgarradora Brothers in arms. Tras todas ellas, los Dire Straits almacenan prodigios musicales tan distintos como Where do you think you’re going y la balada Why worry (una de las melodías más tiernas que se han compuesto). Lo interesante es la excelencia del grupo en una amplia variedad de registros, como un solo de guitarra puede ser preludio de lo que nos contarán antes de ser contado, la forma en que dos notas de inicio ya pueden marcar un tono (aunque en muchas canciones el grupo juega a disimular el ritmo para empezarlo poco después). Aquella música tan limpia que se puede silbar fácilmente confería (y todavía confiere) a Mark Nopfler cierta elegancia intemporal, como un ángel vestido de traje.

Os dejo aquí el impresionante videoclip de Brother in arms:

 

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