Two english poems, de Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges 

Borges fue, para todo lo que hizo, una extraordinaria rareza. En literatura, Borges fue las matemáticas. Su forma de escribir está medida siempre por la precisión, por la palabra que cuadra la frase; además, como él mismo defendía, siempre hizo uso del lenguaje coloquial, de lo sencillo, de lo inteligible. Y ello teniendo en cuenta que puede ser uno de los autores que más ha abusado de los simbolismos para reflejar sus ideas. Para Borges, lo barroco del lenguaje no era más que vanidad de autor.

Sería complicadísimo intentar adentrarse en Borges en unas breves líneas. Como retazos, se puede decir que nunca fue novelista, toda su obra literaria podría circunscribirse a relatos cortos y a poemas. Él, más bien, contaba historias como pequeños propósitos de novelas, no tenía vida bastante para hacer un libro de cada relato, ni tampoco era necesario. Los más conocidos de estos relatos se encuentran en dos recopilaciones: El Aleph y Ficciones; en ellos se pueden encontrar historias archiconocidas como Funes, el memorioso, La biblioteca de Babel, El Aleph o La lotería de Babilonia. El propio éxito de su rol de contador de relatos quizá haya eclipsado, de cara a la galería, su labor como poeta. Y ello, a pesar de haber dejado algunos de los poemas más bonitos del siglo XX. Este poema al que nos vamos a referir fue escrito en aglosajón, y es en dicho idioma donde roza la perfección, especialmente por la sonoridad del lenguaje. Casi todas las traducciones dejan mucho que desear, se dice que es imposible traducir al “Borges universal” (de hecho, Borges aprendió durante su vida bastantes idiomas y culturas: inglés, francés, alemán – incluso flirteó con la cultura escandinava-). No obstante, esta traducción argentina, del blog de Zaidenwerg, me gusta en particular:

Óleo de Borges

Jorge Luis Borges

I

El alba inútil me sorprende en una esquina desierta; sobreviví a la noche.

Las noches son como olas orgullosas; olas azul oscuro, de pesadas crestas, cargadas con los tonos de profundos despojos, cargadas de improbables y deseables cosas.

Las noches acostumbran misteriosos dones y rechazos, de cosas que se dan por la mitad y a medias se retienen, de delicias que albergan un hemisferio oscuro. Así obra la noche, yo te digo.

La marea, esa noche, me dejó los jirones y retazos disjuntos de costumbre: algunas amistades que odio, para charlar; música para sueños; la humareda de cenizas amargas. Las cosas a las que mi corazón hambriento no puede hallarles uso. La gran ola te trajo.

Palabras y palabras, cualesquiera, tu risa; y vos tan perezosa e incesantemente bella. Hablamos, y olvidaste las palabras.

El alba destructora me encuentra en una calle desierta, en mi ciudad.

Tu perfil que se aleja, los sonidos que conforman tu nombre, la cadencia de tu risa: esos son los ilustres juguetes que dejaste para mí.

Los revuelvo en el alba, los pierdo, los encuentro; se los cuento a los escasos perros vagabundos y a las pocas estrellas vagabundas del alba.

Tu rica vida oscura…

Debo alcanzarte, de algún modo; aparto estos ilustres juguetes que dejaste para mi, quisiera tu mirada subrepticia, tu sonrisa real; esa sonrisa solitaria y mordaz que la frialdad de tu espejo conoce.

II

¿Con qué podría retenerte?

Te ofrezco esbeltas calles, puestas de sol desesperadas, la luna de suburbios mal cortados.

Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado largamente la luna solitaria.

Te ofrezco mis ancestros, mis muertos, los fantasmas que los vivos han honrado con bronce: al padre de mi padre que murió en la frontera de Buenos Aires con dos balas que atravesaron sus pulmones, barbado y muerto, a quien amortajaron sus soldados con una piel de vaca; a ese bisabuelo, de la línea materna, que comandó, con veinticuatro años, una ofensiva de trescientos hombres en el Perú, ahora sólo fantasmas sobre monturas desleídas.

Te ofrezco, sea cual fuere, la sapiencia que contengan mis libros, y la hombría y el humor que contenga mi vida.

Te ofrezco la lealtad de un hombre que jamás ha sido leal.

Te ofrezco el núcleo duro de mí mismo que he guardado, de algún modo; el corazón central que no comercia con palabras, no trafica con sueños, y no tocan el tiempo ni el placer ni las adversidades.

Te ofrezco la memoria de una rosa amarilla vista al atardecer algunos años antes de que nacieras.

Te ofrezco explicaciones de vos misma, teorías de vos misma, auténticas y sorprendentes noticias de vos misma.

Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón; intento sobornarte con incertidumbre, con peligro, con derrota.

Por cierto, si utilizas el programa Veoh TV puedes ver una fantástica entrevista a Jorge Luis Borges de 1 hora y media, aproximadamente.

5 respuestas a Two english poems, de Jorge Luis Borges

  1. PAULA dice:

    También me gusta esta traducción!

  2. crysalid dice:

    Sí, realmente es la traducción que he encontrado más lírica sin alejarse demasiado del texto original. Gracias por comentar.

  3. LoRE dice:

    esta traduccion es realmente buena, me encanto!!!

  4. Ariadna López Pulido dice:

    Es una buena traducción, el español argentino le queda muy bien a la voz poética. Una aclaración: hasta donde tengo entendido estos poemas fueron escritos en inglés (no sé si a eso te refieres con anglosajón). El anglosajón es la lengua muerta de los pueblos germánicos que se establecieron en las islas británicas poco antes de la caída del imperio romano de occidente. En la literatura inglesa, esta lengua aún se estudia al leer literatura medieval u ‘old English poetry’, su máximo exponente es Beowulf. Si suponemos que Borges escribió estos poemas en anglosajón, el motif, el tema y el tratamiento del poema nada tienen que ver con la lengua y su contexto cultural. Borges era también conocedor de literatura alemana y escandinava, sería absurdo que hubiera considerado ecribir estos poemas en anglosajón dado que debido a su tratamiento y temática pertenecen al siglo XX. Además, los dos poemas mencionan Buenos Aires ¿no?

  5. Rodrigo Garibay dice:

    En lo particular, me gusta más la traducción de José Emilio Pacheco:

    I
    El alba inútil me encuentra en una esquina desierta; he sobrevivvido la noche.
    Las noches son como olas orgullosas: olas de oscuro azul, de pesada cresta,cubiertas con todos los matices de hondo daño, gravadas de cosas improbables, deseables.
    Las noches tienen costumbre de misteriosos dones y rechazos,cosas dadas a medias y a medias retenidas, goces con un sombrío hemisferio. Así actúan las noches, te lo advierto.
    El oleaje, esa noche, me dejó sus residuos habituales: odiados amigos con quienes charlar, música para los sueños, humo de amargas cenizas. Las cosas que no sirven para mi ávido corazón.

    La gran ola te trajo.

    Palabras, unas cuantas palabras, tu risa; y tu incesante e indolente hermosura. Hablamos y has olvidado las palabras.
    El alba que rompe me encuentra en una calle desierta de mi ciudad.
    Tu perfil se alejó, los sonidos que hacen tu nombre, la armonía de tu risa: esos son los juguetes ilustres que me dejaste.
    Los disperso en el alba, los extravío, los encuentro; hablo de ellos a los perros sin dueño y a las pocas estrellas descarriadas del alba.

    Tu oscura y fértil vida …
    Debo llegar a tí de algún modo: rechazo los juguetes ilustres que me dejaste, quiero tu oculta mirada, tu verdadera sonrisa
    – la solitaria irónica sonrisa que nada más tu helado espejo conoce.

    II

    ¿Con qué evitar perderte?

    Te ofrezco esbeltas calles, puestas de sol desesperadas, la luna de los carcomidos suburbios.
    Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado mucho tiempo la luna solitaria.
    Te ofrezco mis antepasados, mis muertos, los aspectos que los vivos honaron en mármol: al padre de mi padre, muerto en la frontera de Buenos Aires, dos balas que atravesaron sus pulmones, barbado y muerto, envuelto por sus soldados en un cuero de vaca; el abuelo de mi madre – apenas veinticuatro años – encabezando una carga de trescientos jinetes en el
    Perú, ahora fantasmas en caballos desvanecidos.
    Te ofrezco cualquier acierto que mis libros puedan encerrar,cualquier valor o ingenio que haya en mi vida.

    Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal.

    Te ofrezco el centro de mí mismo que salvé de algún modo; el corazón central que no emplea las palabras, no trafica con sueños, y está intocado por el tiempo, la desdicha y el goce.
    Te ofrezco el recuerdo de una rosa amarilla, vista al ocaso años antes de que nacieras.
    Te ofrezco explicaciones de ti misma, teorías sobre ti misma, auténticas y sorprendentes noticias de ti misma.
    Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón; intento sobornarte con incertidumbre, con peligro, con la derrota.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: